Retos de la sostenibilidad turística

Este post resume la ponencia sobre los nuevos retos de la sostenibilidad turística que tuvo lugar en el contexto de la Conferencia UNMAP 2019 sobre los objetivos de desarrollo sostenible organizada por la ULPGC los pasados días 8-11 de octubre en el Gabinete Literario de Las Palmas, agradeciendo a los organizadores la invitación. La sostenibilidad fue enfocada de forma integral desde sus tres ámbitos: el económico, el social y el medioambiental, comentándose para cada uno de ellos los principales retos con inclusión de los temas de más actualidad como la quiebra de Thomas Cook, la diversificación de los canales de distribución y contramedidas a la corriente «vergüenza a volar» que se está extendiendo en el Norte de Europa.

De derecha a izquierda: Dña María Bueno Reyes (Servicio Canario de Salud), Don Antonio Ruiz (Decano del Colegio de Titulados Mercantiles) y Antonio Garzón en la Conferencia UNMAP 2019 organizada por la ULPGC (Dirección: Dña Rosa Pérez).

Sostenibilidad económica

La aportación del sector turístico al PIB supera en Canarias el 35%. En cuanto al empleo, el Turismo genera de forma directa un 29% de los empleos y junto con los indirectos suma el 40% de los empleos. Si a ello le sumamos los empleos derivados nos vamos a más del 90% del empleo en Canarias que depende de una u otra forma del Turismo (ver post anterior: «Quiebra, empleos y conectividad»).

El Turismo como generador directo, indirecto y derivado de la mayoría de los empleos en Canarias.

El Turismo es el motor económico de Canarias prácticamente en solitario. ¿Y en qué fase se encuentra el Turismo? Desde el año 2001 Canarias se encuentra en su fase de madurez turística, debido a una pérdida de competitividad causada principalmente por el envejecimiento de infraestructuras, oferta alojativa y oferta de ocio complementaria. De estos tres factores tan sólo la oferta alojativa ha mejorado notablemente en los últimos 15 años por importantes inversiones efectuadas por el sector privado, siempre dentro del contexto de las limitaciones en avances de modernidad que supone no poder construir hoteles nuevos por la moratoria turística.

En la actual situación varios factores amenazan al Turismo, como son, por ejemplo, la guerra comercial de Donald Trump con China y la UE, el inminente Brexit, el populismo político en Canarias (p.ej. con discursos de tasas turísticas), la quiebra de Thomas Cook y la previsible tasa al keroseno por la progresiva sensibilización medioambiental (corriente europea de “vergüenza a volar”).

En la mermada competitividad turística las infraestructuras cobran un papel de especial relevancia, tanto por no haber recibido apenas inversiones en las últimas décadas, como por el efecto dominó de impulso que tendría su renovación sobre la modernización de la oferta de ocio (comercios, restaurantes, ocio nocturno, centros comerciales, etc.).

En el contexto de una encuesta en un centro comercial comúnmente calificado de «obsoleto» efectuada el año pasado por la FECAO se le propusieron a los empresarios varios posibles incentivos para renovar (edificabilidad, créditos, subvenciones parciales, etc.) coincidiendo la mayoría en que lo importante es garantizar la afluencia de turistas y la movilidad a través de infraestructuras renovadas, a partir de lo cual la oferta de ocio se animaría a la modernización.

Diversificación… sí, pero ¿de qué?

En varios programas electorales hemos visto la diversificación económica como uno de los objetivos, orientando sus programas hacia el sector primario (agricultura) y la industria como potenciales de desarrollo económico. Sin embargo, en estos sectores apenas existe margen de expansión funcionando por sí solos como motores económicos (vía exportación), por lo que el crecimiento con impacto notable en el empleo únicamente queda relegado al sector turístico.

Con relación al Turismo también se comenta a menudo que haría falta diversificarlo, creando productos alternativos al sol y playa (turismo de congresos, de salud, rural, etc.), lo cual tampoco tiene mucho recorrido, al estar presente el sol & playa & clima, de una manera u otra, entre los principales motivos vacacionales del nuevo turista multiopcional del siglo XXI. En vez de crear alternativas al sol y playa, más bien se trata de diversificarlo potenciando complementos al sol y playa, es decir, productos turísticos que funcionen como motivos secundarios del sol y playa, o donde el sol y playa pueda desempeñar un papel secundario haciendo así a ese producto único e irreproducible.

En consecuencia, el manido tópico de que habría que cambiar el modelo turístico de sol y playa no tiene fundamento alguno. En este sentido se pueden aplicar las palabras con las que Miquel Fluxá, Presidente de Iberostar Hotels, se refería al modelo de sol y playa español hace pocos días: «Todo es complementario, pero no hay un cambio de modelo, el turismo es y será sol y playa, aunque haya todo lo demás» (en elmundo.es, 08.10.19).

El modelo de sol y playa en Canarias se puede complementar, desarrollar o enriquecer, pero en ningún caso cambiar.

Otro ámbito donde sí se puede hablar de una necesaria diversificación es en los canales de distribución, donde en Canarias aún juega un papel importante la comercialización indirecta mediante el turoperador.

Retrocedemos en el tiempo a los años 70, cuando la dependencia del turoperador era mucho mayor: no había internet, el turoperador era prácticamente el único canal de venta y la conectividad aérea del Turismo se basaba principalmente en vuelos chárter directos que traían a turistas con paquetes completos. En el régimen de Franco las subidas de precios de los hoteles estaban reguladas con unos máximos, lo cual se liberalizó en 1978, tres años después de su fallecimiento, y se produjeron aumentos de precios de hasta el 50%. Al año siguiente los turoperadores desviaron sus capacidades a otros destinos con el fin de contener los aumentos de precios y se inició una recesión importante de visitantes que duró hasta 1981, catalogada por los hoteleros como “crisis boicot”. En dicho contexto comercial – sin internet y con unos vuelos chárter que no vendían aún plazas «seat only»- el Hotel Costa Canaria en San Agustín, con el fin de abrir una vía de distribución adicional, puso en marcha con éxito en 1981 un programa de venta directa que incluía aspectos como la subvención parcial o total del vuelo regular con escala y, en destino, el transfer del aeropuerto al hotel. Si un programa de venta directa pudo funcionar con las adversidades de esa época, realmente no es explicable que hoy en día con las facilidades de internet y las plazas «seat only» no tenga más implantación.


Sostenibilidad social

El boom turístico de los años 2011-2017 derivado de la Primavera Árabe ha repercutido en una reducción importante del paro en Canarias, llevándolo del 33,7% (2013) al 19,7% (3º EPA 2018). La artificialidad parcial de dicho crecimiento («turistas prestados») se asemeja a los dos factores, también artificiales, que marcaron el crecimiento alojativo a principios de los 2000: la burbuja inmobiliaria y la burbuja de construcción hotelera derivada de la moratoria turística, que provocaron el mayor crecimiento poblacional habido en Canarias en una sola década, pasando de 1,72M habitantes en el 2000 a 2,12M en el 2010, lo que condicionó el volumen de población y, con ello, las posteriores cifras de desempleo en Canarias.

Sin embargo, el paro en el 2019 vuelve a mostrar una trayectoria ascendente, además de que la mejor tasa obtenida en 2018 dobla a la del 2007 (19,7% vs. 10,4%), lo cual se debe al incremento de la población activa, sea por incorporación de residentes al mercado laboral o por el saldo migratorio exterior positivo. A ello se le suman altos índices de pobreza en la sociedad canaria, con un alto número de habitantes en situación de pobreza severa y en riesgo de exclusión social. Sin algún cambio importante esta situación no puede ser socialmente sostenible en el tiempo, máxime teniendo en cuenta que el INE proyecta otro aumento de población en Canarias de 374.081 personas hasta el 2033, una cifra muy parecida al de la primera década de los 2000. Es decir, se espera para los próximos 15 años el mismo crecimiento de población de los últimos 18 años, la cual se produjo básicamente en el boom económico entre el 2000 y 2007, pero esta vez sin un «boom» a la vista sino más bien todo lo contrario.

Por ello se hace urgente trabajar en los siguientes dos factores que han influido de forma notable para que se produzca este desequilibrio en la componente social de la sostenibilidad:  

Formación profesional

Los récords de visitantes entre 2011 y 2017  también vinieron acompañados de nuevos récords de inmigrantes, pues -al igual que a principios de los 2000- todo boom económico atrae a trabajadores o emprendedores foráneos. El que una región turística con una tasa de paro superior al 20% cubra los puestos básicos de la hostelería con inmigrantes sí resulta paradójico y evidencia carencias de la formación profesional. Los ciclos de formación profesional precisan claramente otro enfoque más «a la alemana», es decir, sin confundir la «dualidad» con simples aumentos de horas de prácticas, sino involucrando al aprendiz con una función real dentro de la empresa desde el primer día de formación, por ejemplo fusionando la FP reglada con el contrato en formación y aprendizaje (ver más en el post en este blog: «Nuestra FP dual, ¿se acerca al modelo alemán?«, abril 2016).

Regulación del alquiler vacacional

Desde el 2001 el crecimiento alojativo de Canarias se encuentra congelado por varias moratorias turísticas. Ante las escasas aperturas de nuevos hoteles, el boom turístico a partir de la Primavera Árabe ha sido acogido prácticamente sólo con la planta alojativa existente y las viviendas vacacionales, las cuales han tenido un crecimiento exponencial entre 2013 y 2017. Paralelamente, varios proyectos de rehabilitación alojativa o de oferta de ocio se encuentran paralizados por bloqueos administrativos de diversa índole. La contradicción en esta caso radica en la congelación del crecimiento turístico reglado por un lado y, por otro lado, en el descontrol sobre el crecimiento del alquiler vacacional, que en su mayoría corresponde a viviendas que operan clandestinamente sin darse de alta.

Al contrario que la cama turística tradicional, que crece sobre un suelo clasificado y con un periodo de construcción previo, la vivienda vacacional puede aparecer en cualquier sitio de un momento a otro, dificultando prever el volumen y el lugar del crecimiento. Esto impide desarrollar en paralelo las infraestructuras y servicios que precisarían dichas nuevas camas (carreteras, paseos, transportes públicos, servicios médicos,…) y puede provocar saturaciones, congestiones de tráfico, falta de servicios, gentrificación, subida de precios de los alquileres, problemas de convivencia, economía sumergida e incluso, a medio plazo, un sentimiento de aversión hacia el turista (turismofobia).

Sostenibilidad medioambiental

La componente ecológica de la sostenibilidad vuelve a ser más actual que nunca, ya no como un término abstracto, sino como un concepto más medible y tangible. La principal causa es el cambio climático, cuyos efectos han comenzado a ser claramente visibles. Ello ya tiene varias consecuencias para el sector turístico, como estamos viendo en la alta sensibilización ecológica del nuevo turista, que incluso está expuesto en su país de origen a campañas que pretenden desalentarle de viajar en avión («vergüenza a volar»).

En el ámbito hotelero la gran cantidad de certificaciones verdes para hoteles ya existente (en Europa unas 140 y a nivel mundial unas 450) ha generado bastante confusión, tanto en el consumidor como en el distribuidor, por lo que se están creando certificaciones-paraguas homogéneas, como la “hoja verde” del GTT (Green Travel Transformation), que aglomera, de momento, siete certificados vigentes que cumplen los criterios del Global Sustainable Tourism Council y ya está siendo utilizada durante el 2018 por varios turoperadores en sus catálogos (Thomas Cook es uno de ellos). Esta nueva forma de certificación aglomerada simplifica la identificación de hoteles y supone un paso importante en la transformación verde de los alojamientos y quizás a la certificación de destinos completos según los criterios de sostenibilidad del Global Sustainable Tourism Council.

La certificación medioambiental más habitual en los hoteles canarios es Travelife.

En este contexto se hace imprescindible desarrollar una estrategia global de sostenibilidad ecológica de destino que contenga factores que contrarresten la «vergüenza a volar» con evidencias objetivas y medibles, es decir, una especie de «política medioambiental de compensación» análoga a la compensación de las emisiones del CO2 que van a hacer las líneas aéreas a partir del 2021, de momento de forma voluntaria, y posteriormente a partir del 2027 de forma obligatoria (ver programa CORSIA, «Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation»). La «compensación» en el caso del destino no se efectuaría mediante la compra de los denominados «certificados climáticos» como en las líneas aéreas (fondos que se reinvierten en proyectos ecológicos), sino más bien de forma mediante una gestión medioambiental de destino que, por tanto, debe ser transparente, con evidencias tangibles, de largo plazo y sin populismos ni demagogia. En ello la prolongación de la estancia media podría tener un rol importante, pues -si bien no reduce las emisiones por vuelo- sí disminuye el ratio de contaminación por pasajero y días de estancia, lo cual hace «más sostenible» quedarse más tiempo o hacer una estancia de dos semanas en vez de dos de una semana al año. Además, a corto plazo se podría llegar a lograr mayor conectividad con las plazas existentes a través de un sistema de oferta escalonado que premie con mayor descuento cuanto más tiempo se reserve (ver más en el post anterior «Quiebra, empleos y conectividad»).

La prolongación de la estancia media como objetivo estratégico, tanto a corto plazo (a través de un sistema de ofertas con descuentos progresivos), como a medio largo plazo a través de la mejora de la oferta de infraestructuras y ocio del destino.

Al margen del cambio climático, la capacidad de carga turística volverá a ocupar un destacado lugar en el debate, especialmente en el contexto de la urgente actualización de la Ley Turística canaria y su moratoria turística aún vigente. Sin embargo, ello se plantea con dificultades añadidas como, por ejemplo, el hecho de que el tradicional mecanismo de regulación, las camas turísticas, ya no es un indicador fiable puesto que la oferta vacacional paralela ya supera en Canarias un tercio de la oferta tradicional. Además, el tiempo ha evidenciado que la capacidad de carga no es, tal como fue planteada en el pasado, un concepto estático aplicable de forma universal, sino más bien un concepto altamente dinámico que depende de la evolución de una gran batería de variables, pudiendo sólo ser identificada por microdestinos según la naturaleza de la saturación (p.ej. por poca capacidad de la infraestructura) y actuando aisladamente en consecuencia, pero en ningún caso volver a cometer el error de legislar de forma totalitaria con una moratoria global.

En definitiva, el nuevo ciclo turístico requiere una gestión turística que contemple el mayor equilibrio posible entre los tres componentes de la sostenibilidad, destacando en el ámbito económico la recuperación de competitividad turística con el binomio infraestructuras & ocio como factor clave, en el ámbito social la formación profesional y en el ámbito ecológico un plan de sostenibilidad medioambiental de destino con evidencias tangibles a corto plazo y que vaya mucho más allá de la mera aprobación de intenciones con textos legislativos de emergencia climática.

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